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Domingo, 11 de octubre de 2009

Luego de 9 minutos de espera por el asunto de las abejas, la reanudación del juego no ofreció una gran intensidad, sino más bien todo lo contrario; parecía transcurrir en cámara lenta. Sólo la velocidad relampagueante de Carlos Vela y Andrés Guardado le cambiaba el ritmo a una tarde demasiado parsimoniosa, sobre todo en ese largo y lento primer tiempo.

La presencia de Cuauhtémoc, en duda durante toda la semana, no ofreció en esos momentos demasiadas muestras de estar en óptimas condiciones.

Increíblemente Carlos Vela desaprovechó dos claras opciones de abrir la cuenta, primero a los 17’, al cruzar demasiado su disparo tras un buen pase de Cuauhtémoc Blanco y luego a los 20’, cuando Andrés Guardado le “regaló” medio gol al delantero del Arsenal pero éste, con todo el arco a su disposición prefirió definir con un zurdazo fuerte y al bulto, justo para estrellárselo a un zaguero salvadoreño.

Vela tuvo otra posibilidad cuando el primer tiempo expiraba en sus nueve minutos de agregado, pero su espectacular chilena fue estupendamente atajada por el guardameta salvadoreño que regaló un par de lances fenomenales. El mejor de ellos se gestó en el segundo tiempo, a los 67’, cuando impidió que un esquinado cabezazo de Guillermo Franco se colara en su guarida.

El primer gol del partido se produjo en una sucesión de absurdas jugadas. A los 25’, una buena combinación de Franco con Vela, dejó la pelota entrando al área a un trompicado Cuauhtémoc Blanco, que no pudo controlar el balón adecuadamente, y éste traviesamente se fue quedando trabado en el área salvadoreña a merced del “10” mexicano, hasta que el defensa Marvin René González, en su intento por evitar que Blanco rematara, acabó punteando la pelota adentro de su propia portería. El gol erosionó buena parte de la resistencia salvadoreña, que sin ser peligrosa, dejaba ver insinuaciones de atrevimiento que no son habituales en los equipos de la Concacaf que acuden a Santa Úrsula.

UN CIERRE A TODO GOL. La verdad es que ni el ambiente del estadio ni lo visto en el campo de juego habían sido algo memorable, más allá de que el triunfo seguía siendo suficiente para inscribir el nombre de México en la lista de asistentes a la Copa del Mundo.

Al rescate de la fiesta plena acudió el cierre emotivo de un partido vulgar. La mejor combinación del encuentro se gestó a los 70 minutos, cuando un par de taquitos consecutivos, uno de Blanco y otro de Vela, permitieron a Guillermo Franco perfilarse de cara al gol salvadoreño, y esperar el momento justo para darle un estupendo pase gol a Cuauhtémoc Blanco; Éste, que no había tenido una tarde muy inspirada, no falló, al definir con un sueva derechazo a un rincón fuera del alcance del arquero Montes. Fue el tranquilizador 2-0 y probablemente el gol más hermoso de México en toda la eliminatoria.

Entendió Aguirre que ya era tiempo de hacer cambios y ofrecerle un ratito de fiesta a otros de sus jugadores, como Juan Francisco Palencia, invitado de último minuto que con disimulo pasó de ser un “colado” en la lista, a ocupar un sitio en la banca y luego, a robarse un cachito de inesperado protagonismo. El veterano nunca imaginó que sólo siete minutos después de entrar al campo, podría incrustarle su apellido al marcador, pero cuando a los 84’ Carlos Vela le dio un pase con gran ventaja para disparar a gol, el jugador de los Pumas no lo desaprovechó y tuvo la puntería suficiente para meter su derechazo sólido pegado al poste más cercano.

Unos instantes después llegó el gol salvadoreño, gracias a que Julio Martínez ejecutó con maestría y potencia un lejano tiro libre que sorprendió a Guillermo Ochoa un tanto adormilado. Fue el 1-3 a los 87’, otro auténtico golazo en el que sin embargo el portero mexicano permitió que el balón penetrara por el ángulo que él tenía que defender.

Ya para entonces nadie lamentó en exceso ese gol; tampoco hubo tiempo para ello. Y es que a los 89’, luego de un largo despeje de Ochoa, un grueso error del defensa de Marvin González, que peinó débilmente la pelota dejándola a expensas de Carlos Vela que, justo en una tarde en la que había tenido inmejorables oportunidades de anotar, acabó concretando la opción que parecía menos clara, pues con la parte externa de su pierna zurda supo cruzar con clase a Montes para hacer el definitivo 4-1, resultado tal vez un tanto exagerado para lo sucedido en el campo de juego pero que acabó de satisfacer a más de 100 mil mexicanos en las tribunas del Azteca y a millones en todo el país y sus alrededores.


Tags: Mexico, Califica, Sudafrica, 2010

Publicado por yelapa @ 20:39
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