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domingo, 04 de octubre de 2009

Entre muchas butacas vacías, algunos abucheos y varios bostezos, Guadalajara se aferra al milagro de clasificarse y nuevamente con el azar de su lado, recolectó más puntos de los que pareció merecer, al vencer 1-0 al Monterrey, en un partido sumamente parejo en el que pudo ganar cualquiera.

Estadísticamente no hay discusión. Desde la llegada de Raúl Arias las Chivas no han perdido, han obtenido siete de nueve puntos, y se han metido de lleno en la pelea por la barata segunda plaza del grupo uno, la cual sigue abierta al mejor postor.

Futbolísticamente, en cambio, la mejoría del Guadalajara desde el arribo del nuevo entrenador es virtualmente imperceptible. A simple vista se ve un equipo más tirado para atrás, lo que no ha significado que defienda mejor, y si ha podido crecer en lo numérico ha sido gracias a que la incontrolable diosa fortuna ha jugado siempre a favor.

Así como venció con fortuna Jaguares, y rescató milagrosamente un empate en CU ante los Pumas, ahora venció al Monterrey, en un juego en el que el Rebaño contabilizó tantos o más sustos en su meta que jugadas de peligro en el arco rival.

Volvió el equipo de Jorge Vergara a dejar la sensación de que la velocidad mental y física de buena parte de sus futbolistas no es la adecuada, lo que le permite ofrecer un dinamismo muy distante de aquel que le había caracterizado en los últimos años. Y si bien en ofensiva el equipo rojiblanco cuenta con elementos que promueven cierta sensación de peligro, éstos parecen apostarlo todo a alguna escapada personal o al acierto rematador de Hernández y Bravo, quienes lucen a veces demasiado solos, siempre en desventaja numérica respecto a quienes los vigilan.

Por ello, desde el primer tiempo, fue Monterrey el que inclinó el campo a su favor y generó las aproximaciones más claras. Aldo de Nigris contó al menos con dos claras ocasiones de anidar el balón rosa en el arco de Michel, y de poner en ventaja al equipo de Vucetich, que sin jugar su mejor futbol, se mostraba superior a su rival y mucho más profundo en su ataque. Por si fuera poco, la atribulada y otra vez frágil defensa de Chivas fue perdonada también por el árbitro Erím Ramírez, que decidió no señalar un claro penal de Magallón sobre Ayoví cuando el primer tiempo expiraba.

Eran los visitantes los que parecían más empeñados en torcer las tablas cuando un pase de Omar Bravo fue espectacularmente rematado con la cabeza por Javier Hernández, quien a los 70’ pudo violar el arco de Jonathan Orozco, guardameta que hasta entonces había sido exigido sólo en una ocasión y había respondido con gran atingencia. Ni siquiera en la recta final del juego, cuando Rayados pareció desordenarse en busca del empate, pudo Guadalajara controlar la pelota, tocarla con paciencia y cuidado, cambiarle el ritmo al juego, o buscar algún contragolpe que liquidara el partido. Aguantó esos minutos muy metido en su área, amontonando gente y pese a ello dejando espacios para un adversario que le perdonó el empate en al menos dos claras ocasiones, una gracias a una buena estirada de Michel, que evitó que el disparo raso de Suazo se metiera en su marco, y otra gracias a una increíble falla de Juan Carlos Medina que tuvo a su merced a las Chivas y no supo ponerle dirección de puerta a un disparo muy claro ensayado de frente al marco y sin oponentes que lo taparan.


Tags: Monterrey, Chivas

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