En el camino...
La zaga se los dio y la zaga se los quitó.
Y es que fue la defensa la que llevó a Chivas tan lejos, pese a que al dueño no le guste.
Pero bastó que la defensa del Rebaño entrara dormida al Andrés Quintana Roo, para que Atlante juegue su tercer final de la era moderna.
Potros 1, Chivas 0. Global de 1-1 que clasifica al Atlante por su mejor posición en la tabla.
Y sí, Chivas se queda fuera por un pinchurriento gol, según una pintoresca y reciente definición vergarista.
e cumplían tres minutos de juego y Chivas ya cambiaba la etiqueta de semifinalista por la de eliminado.
Y es que en la primera jugada donde los Potros de Hierro del Atlante hilvanaron más de tres toques y cruzaron el mediocampo, hicieron el tanto que empató el marcador global.
Bermúdez, la gran novedad del Profe Cruz, recibió libre por derecha y habilitó a Maldonado. La defensa rojiblanca se quedó averiguando a quién le tocaba marcar al venezolano y Giancarlo, con jerarquía, venció la salida de Michel para el 1-0.
La diferencia era que a un técnico lo dejan ejercer con libertad, y el otro tiene que quedar bien con el que manda. Por eso, a Efraín le sobraba el Gaucho, que aún no es soldado para todas las batallas y le faltaba Olvera para pelear de tú a tú con el medio campo azulgrana.
El gol tempranero le hizo daño al Atlante, que cedió de a poco la mitad de la cancha y sobre el minuto 20, Chivas ya era dueño del juego. Cierto que el Gaucho y Esparza no encontraban su lugar en el campo, pero Santana, Magallón y Morales se multiplicaban para meter al Rebaño en el duelo.
Al minuto 21, Ramón Morales entró al área después de una serie de rebotes y ante la salida de Federico Vilar bombeó el esférico, el cual hizo una comba para terminar estrellándose en cámara lenta en el vértice izquierdo.
Diez minutos después Guadalajara empató en una pifia del arquero de los Potros, pero el gol se invalidó por un fuera de lugar de Héctor Reynoso.
El resto fue una lucha sorda en medio campo donde los visitantes siguieron como dominador, pero sin llevar peligro al arco del Atlante.
Así se fueron al descanso.
En el complemento, Flores quemó sus naves a los siete minutos de la reanudación. Ingresó a Omar Arellano y sacó a Omar Esparza para jugarse al mano a mano atrás.
Y sí, Chivas presionó, metió atrás al Atlante mientras en cada jugada ofensiva de los Potros olía a peligro.
Pero pese a los movimientos chivas, no caminaban como quería su técnico: el Chore Mejía dividió más que una elección presidencial y Bravo, empecinado en caer de todas, todas, en el área, no entendió que anoche no le marcarían ni el penalti más claro del mundo.
Sobre los 65 minutos de juego Efraín mandó a Báez en lugar del Chore, y Chivas se paritó aún más. Pero había juego.
Atlante pudo hacerse un encuentro más tranquilo sobre el final, pero el exceso de confianza les hizo perder jugadas con superioridad numérica.
El camerunés Alain Nkong tuvo para sentenciar el juego al ’83. Pero recién entraba a un partido intenso y no tenía el fuego en las piernas para mandar a guardar un servicio que terminó en el pecho de Michel, en vez de mecer las redes.
Sobre el final, Chivas fue puro corazón y nada de futbol. Se olvidaron que los Potros de Hierro del Atlante también se saben defender.
Ha sido una liguilla rara. Con intensidad y dramatismo, pero sin los grandes partidos de ida y vuelta, de toma y daca. Domina un equipo por completo al otro, al que sólo le queda la heroicidad de su defensa; luego los papeles se invierten por completo.
A las Chivas sólo les hizo falta el gol, que es todo en estas etapas del campeonato. Hay razones muy fundadas para que unos celebren y para que los otros se vayan orgullosos a sus vacaciones.
Y es que fue la defensa la que llevó a Chivas tan lejos, pese a que al dueño no le guste.
Pero bastó que la defensa del Rebaño entrara dormida al Andrés Quintana Roo, para que Atlante juegue su tercer final de la era moderna.
Potros 1, Chivas 0. Global de 1-1 que clasifica al Atlante por su mejor posición en la tabla.
Y sí, Chivas se queda fuera por un pinchurriento gol, según una pintoresca y reciente definición vergarista.
e cumplían tres minutos de juego y Chivas ya cambiaba la etiqueta de semifinalista por la de eliminado.
Y es que en la primera jugada donde los Potros de Hierro del Atlante hilvanaron más de tres toques y cruzaron el mediocampo, hicieron el tanto que empató el marcador global.
Bermúdez, la gran novedad del Profe Cruz, recibió libre por derecha y habilitó a Maldonado. La defensa rojiblanca se quedó averiguando a quién le tocaba marcar al venezolano y Giancarlo, con jerarquía, venció la salida de Michel para el 1-0.
La diferencia era que a un técnico lo dejan ejercer con libertad, y el otro tiene que quedar bien con el que manda. Por eso, a Efraín le sobraba el Gaucho, que aún no es soldado para todas las batallas y le faltaba Olvera para pelear de tú a tú con el medio campo azulgrana.
El gol tempranero le hizo daño al Atlante, que cedió de a poco la mitad de la cancha y sobre el minuto 20, Chivas ya era dueño del juego. Cierto que el Gaucho y Esparza no encontraban su lugar en el campo, pero Santana, Magallón y Morales se multiplicaban para meter al Rebaño en el duelo.
Al minuto 21, Ramón Morales entró al área después de una serie de rebotes y ante la salida de Federico Vilar bombeó el esférico, el cual hizo una comba para terminar estrellándose en cámara lenta en el vértice izquierdo.
Diez minutos después Guadalajara empató en una pifia del arquero de los Potros, pero el gol se invalidó por un fuera de lugar de Héctor Reynoso.
El resto fue una lucha sorda en medio campo donde los visitantes siguieron como dominador, pero sin llevar peligro al arco del Atlante.
Así se fueron al descanso.
En el complemento, Flores quemó sus naves a los siete minutos de la reanudación. Ingresó a Omar Arellano y sacó a Omar Esparza para jugarse al mano a mano atrás.
Y sí, Chivas presionó, metió atrás al Atlante mientras en cada jugada ofensiva de los Potros olía a peligro.
Pero pese a los movimientos chivas, no caminaban como quería su técnico: el Chore Mejía dividió más que una elección presidencial y Bravo, empecinado en caer de todas, todas, en el área, no entendió que anoche no le marcarían ni el penalti más claro del mundo.
Sobre los 65 minutos de juego Efraín mandó a Báez en lugar del Chore, y Chivas se paritó aún más. Pero había juego.
Atlante pudo hacerse un encuentro más tranquilo sobre el final, pero el exceso de confianza les hizo perder jugadas con superioridad numérica.
El camerunés Alain Nkong tuvo para sentenciar el juego al ’83. Pero recién entraba a un partido intenso y no tenía el fuego en las piernas para mandar a guardar un servicio que terminó en el pecho de Michel, en vez de mecer las redes.
Sobre el final, Chivas fue puro corazón y nada de futbol. Se olvidaron que los Potros de Hierro del Atlante también se saben defender.
Ha sido una liguilla rara. Con intensidad y dramatismo, pero sin los grandes partidos de ida y vuelta, de toma y daca. Domina un equipo por completo al otro, al que sólo le queda la heroicidad de su defensa; luego los papeles se invierten por completo.
A las Chivas sólo les hizo falta el gol, que es todo en estas etapas del campeonato. Hay razones muy fundadas para que unos celebren y para que los otros se vayan orgullosos a sus vacaciones.

