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domingo, 25 de noviembre de 2007
Al Guadalajara le costó vulnerar la meta del San Luis, pero al menos tuvo una mayor intención ofensiva, lo que mantuvo a raya cualquier reacción potosina

Durante los 180 minutos de la serie ante las Chivas, ningún jugador del San Luis mostró más ímpetu que Eduardo Coudet, pero tampoco ninguno le hizo más daño a su equipo en el momento crucial.

Porque la entrega excesiva del Chacho fue la llave que le abrió al Guadalajara la puerta de las semifinales.

Justo cuando el Rebaño caminaba al borde del abismo, la fuerte barrida del volante argentino sobre Omar Esparza marcó el rumbo de la parejísima serie protagonizada por tapatíos y potosinos.

Y es que, el penalti decretado por Armando Archundia, convertido en gol por Sergio Santana (56’) enterró las ilusiones con las que los Gladiadores llegaron al Jalisco.

Los pupilos de Raúl Arias son tal vez los más disciplinados tácticamente en el futbol mexicano, pero también son de los que más sufren cuando tienen que atacar por necesidad.

Ni siquiera la dupla Tressor-Alfredo Moreno es capaz de volver ofensivo al San Luis, y anoche quedó demostrado.

En contraste con las Chivas, que le dieron la razón a Jorge Vergara y a su afición.

El rostro más lúcido de los rojiblancos es cuando atacan, cuando no cuidan en demasía el marcador, cuando se desempeñan como ayer.

Es cierto, el 1-0 final (2-1 global) habla de una eliminatoria cerrada, pero el Guadalajara modificó el rostro de la ida y su público lo agradeció.

Eso explica el éxtasis que caracterizó al inmueble en el cuarto de hora final.

Las Chivas volvieron a ser generosas con la tribuna y consigo mismas.

Omar Bravo y Alberto Medina recuperaron su esencia ofensiva por las bandas, mientras que Sergio Ávila fue el encargado de generar juego, aunque no cumplió a cabalidad.

El Gaucho sufrió ante la marca de Coudet, la referencia potosina en cuanto a entrega y ganas, mientras que Ramón Morales y Esparza fueron los complementos ideales de Bravo y El Venado.

El Rebaño Sagrado sólo pudo cristalizar una opción de gol, y fue desde el manchón penal, pero lo importante es que demostró que lo del miércoles fue una mala noche, perfectamente olvidable.

Lo suyo es atacar, asfixiar al rival, defenderse de la única forma que realmente lo sabe hacer bien: ofendiendo.

Y el regreso a su identidad llegó en el mejor momento.

Sobre todo porque ninguno de los equipos que se mantienen con vida en el Apertura 2007 parece tener la tendencia defensiva del San Luis.

Por eso, el resoplar de los elementos tapatíos mientras el We are the champions —inmortalizado por Queen— se escuchó en el sonido local.

Chivas siempre supieron lo difícil que sería medirse a Gladiadores… Y Coudet también, quien se fue al vestuario con lágrimas en la mejilla.
fotos.miarroba.com
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