Donde esta Argentina?
Antes de comenzar con el análisis de esta rotunda e irrefutable goleada de las Chivas, es importante saber que estamos en presencia de la más dolorosa caída de Boca en los últimos años de Copa Libertadores, para tomar verdadera dimensión de los hechos. Es que sus tres títulos a partir del año 2000 lo han acostumbrado a celebrar en el extranjero, a pasear por el continente una solidez y una suficiencia anoche olvidadas, al menos en el complemento.
Este 4 a 0 suena lapidario, terminante. Y puede ser que prácticamente haya sentenciado la llave, aunque por delante todavía quedan noventa minutos de fútbol, y a los grandes nunca hay que subestimarlos. Una grandeza que Boca deberá recuperar en estos quince días antes de la revancha, ya que por el Jalisco paseó una versión desdibujada.
Al encuentro hay que dividirlo en dos etapas bien diferentes. La primera llega hasta casi el último instante del primer tiempo, justamente cuando Johnny García abrió el marcador de cabeza, tras una defectuosa intervención de Diego Cagna para intentar despejar un centro. Hasta allí las Chivas habían manejado la pelota, con Medina intentando ser profundo por la derecha, con Ramón Morales irresoluto por la izquierda, y con Bautista, Palencia y Bravo insinuando sin concretar.
A este planteo, el equipo de Benítez respondía con un planteo conservador con tres mediocampistas para recuperar (Cagna, Cascini y Ledesma) y con Guglielminpietro mucho más emparentado con la marca que lo acostumbrado porque para manejarla primero hay que recuperarla, y Boca no la podía tener. Palacio, intrascendente, nunca estuvo a la altura de Delgado, el mejor de Boca, que se las ingenió para crear zozobra aún en inferioridad numérica.
Pero ese gol en el cierre de la primera etapa cambió todo. Llenó de nervios el vestuario visitante, envalentonó a los locales y transformó el Jalisco en una caldera. Qué importante podría haber sido Palermo para defender en el área propia, teniendo en cuenta que la debacle de Boca se inició por arriba.
El complemento mostró a los dos equipos con la misma actitud. Boca parecía obstinado en dejar que pasen los minutos, con una actitud pasiva, casi conforme con caer por la mínima diferencia. Pero el rival no era el mismo. Los hombres del “Rebaño Sagrado” consumaron ahora todo lo que intentaron, ó casi todo, porque sino el resultado pudo haber sido más abultado.
El único que mantuvo el buen rendimiento en Boca fue Abbondanzieri, quien tapó cuatro pelotas de gol. El resto, muy flojo. Bravo marcó el segundo tras otro error defensivo, en donde ni Morel ni Calvo cerraron correctamente. El tercero y el cuarto fueron muy difícil de evitar, ya que llegaron con dos remates imponentes desde 35 metros, el primero de Juan Pablo Alfaro y el segundo de Adolfo Bautista, una joyita.
Fueron cuatro, pero pudieron ser muchos más. Habrá que ver cómo se recupera Boca de este mazazo, de una situación que no está acostumbrado a transitar. Las Chivas mostraron un juego sólido, sin demasiado vuelo pero contundente, tomaron lo que les dieron. La llave no está cerrada, Boca deberá trabajar duro para lograr la hazaña. Aunque cuatro goles de diferencia es mucho, demasiado.
Este 4 a 0 suena lapidario, terminante. Y puede ser que prácticamente haya sentenciado la llave, aunque por delante todavía quedan noventa minutos de fútbol, y a los grandes nunca hay que subestimarlos. Una grandeza que Boca deberá recuperar en estos quince días antes de la revancha, ya que por el Jalisco paseó una versión desdibujada.
Al encuentro hay que dividirlo en dos etapas bien diferentes. La primera llega hasta casi el último instante del primer tiempo, justamente cuando Johnny García abrió el marcador de cabeza, tras una defectuosa intervención de Diego Cagna para intentar despejar un centro. Hasta allí las Chivas habían manejado la pelota, con Medina intentando ser profundo por la derecha, con Ramón Morales irresoluto por la izquierda, y con Bautista, Palencia y Bravo insinuando sin concretar.
A este planteo, el equipo de Benítez respondía con un planteo conservador con tres mediocampistas para recuperar (Cagna, Cascini y Ledesma) y con Guglielminpietro mucho más emparentado con la marca que lo acostumbrado porque para manejarla primero hay que recuperarla, y Boca no la podía tener. Palacio, intrascendente, nunca estuvo a la altura de Delgado, el mejor de Boca, que se las ingenió para crear zozobra aún en inferioridad numérica.
Pero ese gol en el cierre de la primera etapa cambió todo. Llenó de nervios el vestuario visitante, envalentonó a los locales y transformó el Jalisco en una caldera. Qué importante podría haber sido Palermo para defender en el área propia, teniendo en cuenta que la debacle de Boca se inició por arriba.
El complemento mostró a los dos equipos con la misma actitud. Boca parecía obstinado en dejar que pasen los minutos, con una actitud pasiva, casi conforme con caer por la mínima diferencia. Pero el rival no era el mismo. Los hombres del “Rebaño Sagrado” consumaron ahora todo lo que intentaron, ó casi todo, porque sino el resultado pudo haber sido más abultado.
El único que mantuvo el buen rendimiento en Boca fue Abbondanzieri, quien tapó cuatro pelotas de gol. El resto, muy flojo. Bravo marcó el segundo tras otro error defensivo, en donde ni Morel ni Calvo cerraron correctamente. El tercero y el cuarto fueron muy difícil de evitar, ya que llegaron con dos remates imponentes desde 35 metros, el primero de Juan Pablo Alfaro y el segundo de Adolfo Bautista, una joyita.
Fueron cuatro, pero pudieron ser muchos más. Habrá que ver cómo se recupera Boca de este mazazo, de una situación que no está acostumbrado a transitar. Las Chivas mostraron un juego sólido, sin demasiado vuelo pero contundente, tomaron lo que les dieron. La llave no está cerrada, Boca deberá trabajar duro para lograr la hazaña. Aunque cuatro goles de diferencia es mucho, demasiado.

