jueves, 14 de abril de 2005

Analisis deportivo hoy

Llegó el momento de sentar diferencias y establecer deferencias. Después del júbilo arrogante, del carnaval liberado con indecible y voluble fecha de caducidad, a Chivas le llegó el momento ingrato de sentarse ante el espejo.

Despabilado por su pasado reciente, tendrá que sincerarse, a verdadazo puro, con su presente para poder establecer su futuro.

El mañana dejó de ser un horizonte. Hoy es un adverbio de tiempo inmediato, de plazo corto, con ansiedad de sietemesino en los espasmos del trabajo de parto.

Porque si bien Chivas logró en medio de la aclamación popular, del recelo con ojeras de envidia de otros, y hasta la locura espasmódica de otros más que mastican sus propias tripas por cualquier desfile rojiblanco, si bien Chivas generó eso, ahora la suma de resultados, que en realidad es una resta acumulada y sostenida de puntos, pone felices a los antes amargados, amarga a los antes felices, y pone más escépticos a los ya de por sí escépticos.

A tiempo y con sorpresa se revisó la forma tan sorprendente en que el Guadalajara aprobaba exámenes en cuanto aparador se le reclamaba, desafiando toda lógica deportiva, física, anímica y fisiológica incluso.

De repente, sin desearlo, sin temerlo ni deberlo, era evidente el agobio de los rojiblancos, desafiando la sabiduría de aquello de que “el que mucho abarca poco aprieta”, sin que signifique un reproche a la obesidad de compromisos aceptados por Jorge Vergara.

Chivas ha estado metido en esos cuatro escenarios revisados ya: se tambalea en el Clausura 2005, sueña con la Copa Libertadores, arma eventualmente una base sólida a la selección de Ricardo Lavolpe y todavía recorta algunos de sus jugadores de apoyo para arrancar con lo mejor posible, sin que sea lo mejor disponible, el proyecto de Chivas USA en Estados Unidos.

Encima, se mete a jugar en esos cuatro recovecos de particular exigencia con un agravio: más que reforzarse se esforzó poco en buscar jugadores y se empeñó mucho en deshacerse de futbolistas que en este momento, por experiencia y virtudes, podrían ser de especial soporte, y baste simplemente mencionar a Salvador Carmona.

Y vale insistir: todo esto lo enfrenta sólo con futbolistas mexicanos.

Así, contra toda lógica, Guadalajara se embarcó en una travesía, que en lo inusual, casi ilógico del trayecto, ha recalado en una situación de crisis revulsiva que casi lo condena a quemar sus naves.

Diez goles en tres partidos son una seria advertencia.

Jorge Vergara habla de falta de actitud en sus jugadores. Tal vez hay algo más allá de esa simple ecuación a los ojos inexpertos del presidente rojiblanco.

Especialmente porque Guadalajara ha sido un equipo explosivo de arranque, que con la sorpresa y un gol madrugador ha logrado negociar los siguientes minutos del juego.

Descuidos defensivos casi inexplicables les han puesto losas pesadas de 4-1 (Puebla), 2-0 (Santos) y un 4-0 que terminó 4-2 ante el Once Caldas.

Así como es un experto en hacer leña del caído árbol ajeno, en azuzar hogueras en crisis de terceros, de promulgar que la voluntad de Dios se ejerza sobre los bueyes de sus compadres, Vergara parece ser un hombre de discurso oportuno en los momentos en que los naufragios amenazan.

Pero esta vez Chivas necesita algo más.

Benjamín Galindo habla de trabajo cuando parece evidente que los jugadores han memorizado el doctrinario y Daniel Ipata, el preparador físico invoca milagros que puedan restituirles desde electrolitos a los agobiados futbolistas hasta una coherencia muscular en medio del ajetreo extremo al que han sido sometidos.

Vergara se equivoca al plantear que él viaja más que sus futbolistas, pero que aún así no pierde la energía ni la actitud, porque si bien ha educado su sensibilidad de decidir y elegir sabiamente como empresario, no es lo mismo que salir a la cancha con el entorno que rodea a un futbolista de Chivas, abotagado de compromisos y reclamos de la tribuna, presionado por la misma camiseta y confundido, aún más en este momento, por la diversidad de amos con los que debe quedar bien.

Por eso para Chivas ha llegado el momento de romper con la arrogancia de los sueños y con la petulancia de sus ilusiones.

No puede eludir los mandatos de una selección nacional que entra en un receso, lo de Chivas USA sigue ya sus propios pasos y sólo queda resolver la apuesta: Copa Libertadores o Clausura 2005.

Y hacerlo abiertamente, alertando a quien sea necesario alertar y advirtiendo a quien sea necesario advertir. Para evitar desilusiones, malos entendidos y sorpresas entre una legión millonaria que pasa de ilusionada a ilusa en ocasiones.

Parece más atractivo el desafío de la Copa Libertadores y parece además menos desgastante. Chivas se encuentra en la zona de clasificación en el torneo sudamericano y en la zona de decepción en el torneo mexicano.

Enfocar objetivos sería también liberar las espaldas cansadas de los jugadores, y un digno papel en la Copa podría aplacar ansiedades y anhelos de quienes quieren ver un habitante número 11 en el Olimpo de la Sala de Trofeos del Club Guadalajara.

Además, en los siguientes procesos de la Libertadores, Chivas podrá reclutar refuerzos y en su lista aparecen jugadores como Joaquín Beltrán y “Kikín” Fonseca, para solicitarlos como apoyo en la zona de desenlace de la Libertadores cuando los encuentros se jueguen, aún más, a vida o muerte.

Por eso llegó el momento de decidir, sin olvidar que no decidir es también una forma, la menos inteligente, de decidir.

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